lunes, 5 de octubre de 2015

Siguiendo el compás



Si algo no pueden decir es que no lo intenté... Que no mantuve la esperanza hasta el final, por aquello que dicen que es lo último que se pierde.

Aunque cueste decirlo, ya no se trata de esperanza, se trata de necesidad. De renunciar a lo que más queremos, por aquello que anhelamos, aquello que es primordial.

Bien dicen que debemos aceptar los caminos de la vida... pero es inhumano aceptarlos cuando nos han sido impuestos... como un obligación, como un régimen a cumplir día y noche, solo por las ansias de poder de unos cuantos.

Millones de seres al vaivén de un compás, solo por seguir la melodía. Como una corriente sin sentido, que no llega a ningún lugar, que solo va y viene sin resultado alguno.

Si algo no pueden decir es que no se haya mantenido la fe... como una cuenta regresiva infinitesimal, como un juego de lotería en el que nunca ganas y es que ¡Hasta los deseos se han echado a dormir!

"El último en irse que apague la luz". Lees eso y tu temperatura corporal cambia en segundos de caliente a fría, es que ya el alma se ha quedado helada. Hemos desconectado la señal y permanecemos inertes, con los ojos abiertos pero dormidos de mente, simulando seguir el compás, la marcha, la melodía y hasta la odisea de jugar a la guerra... donde lo que sobran son estómagos vacíos, ilusiones perdidas, miedo, angustia, pocas palabras y muchos deseos de volver a empezar.

Imitando a la mayoría que despierta, que ha perdido la ceguera, que ha dejado de vivir de la imaginación y se ha enfrentado de frente con la realidad.

Reconocer que en esta vida el que se apega nunca abandona, solo aguanta.

Que algunos sacrificios ameritan rendición y coraje. Porque aunque la valentía tiene patas cortas, cuando quiere las tiene bien largas.

Que aunque parezca difícil renunciar a la rutina a veces se vuelve insostenible aguantarla.


¡No! No es cuestión de poca fe, o falta de esperanza... Es disculparse todos los días con esta tierra, que aún nos impregna la piel y el corazón.

Y aunque me niego a dejarla ir... en esta relación amor-odio ya no cabemos los dos. Se hace justo y necesario decir adiós... no, perdón, hasta luego.

sábado, 11 de julio de 2015

Hay quienes ...

Hay quienes tienen la oportunidad de tener las cosas fáciles. 
Hay quienes tienen la oportunidad, pero no la aprovechan porque no es su destino. 
Hay quienes se esfuerzan día a día en trabajar duro para lograr una oportunidad. 
Hay quienes luchan a diario pero siguen manteniendo la esperanza de surgir. 
Hay quienes no valoran porque siempre han tenido todo sin esforzarse. 
Hay quienes trabajan y poco disfrutan el fruto de su labor. 
Hay quienes saborean cada instante como si fuera el ultimo y aprovechan cada bendición recibida. 
Y hay quienes sin duda, no les ha tocado fácil conseguir las cosas pero le han sacado provecho a cada oportunidad para surgir, para esforzarse y aunque a veces pierden la esperanza de lograr el objetivo lo mantienen como un norte y solo por eso son unos guerreros! 

FF

sábado, 27 de junio de 2015

¡Soy periodista!



Soy periodista!!! Sí!! Y lo volvería a ser mil veces. 

Hace poco leí: "la felicidad toca una sola vez a la puerta y no se puede posponer". La vida tiene fecha de caducidad, el tiempo se pasa volando y una sola vida no alcanza para hacer todo lo que queremos hacer, pero sí para decidir cómo vivir. Quien ama lo que hace tarde o temprano llega a ese camino, inevitable, sin titubeos, sin paradas, pero con mucha precisión. Y poco a poco vas cosechando un norte, un objetivo claro, aunque te digan que no lo hagas, tu afán te hace superar barreras y escalar un sueño. Mi sueño siempre fue ser periodista, insertarme en ese mundo tan deprisa, lleno de críticos pero dichoso de sabidurías. Calzarme una piel diferente para cada ocasión, para patear unas tantas calles de improvistos, de horarios no planeados, y de risas y momentos inolvidables con personas que pasaron a ser más compinches que compañeros. Forjar cada paso con sabiduría, aprendiendo por demás y demostrando que el periodista no es el que "copia y pega" sino el que para cada caso tiene una respuesta, una determinación y una voluntad inigualable frente a cualquier otra profesión. Porque así no sepamos de medicina, matemática, electricidad, ingeniería, o leyes; nos ha tocado aprender de TODO para entrevistar, para informar, para nutrirnos como humanos y solo por ello y por muchas cosas más somos unos camaleones, somos multifacéticos y emprendedores. ¡Feliz día del periodista! 🎥📻📰 #periodismo #comunicacionsocial #27dejunio #felizdia #venezuela #libertaddeexpresion

viernes, 26 de junio de 2015

Dilema

La pantalla se vislumbra frente a mí. Inerte, rígida. Pero mientras la observo de lejos mis manos tiemblan, mi mente da vueltas. Imprecisa, insegura, llena de complejos, de orgullos y egoísmos. Presa de costumbres y otras tantas suposiciones, y me abstengo a la conciencia, que aclama y no se apega, que repudia y de vez en cuando miente, todo con la idea de hacerse sentir mejor en un momento de angustia. Todo por el afán de no decir los sentimientos, y que se queden presos, culpables de un crimen que no cometieron, y si lo hicieron fue con todo el placer de la palabra.
Sí, mandar un mensaje a un extraño, que antes no era tan extraño, cuesta. 

Y hemos de pensar en los recuerdos, en lo que fue y no fue, en que somos unos soberbios y otras tantas veces unos cobardes que sabemos tantas veces lo que queremos pero no como conseguirlo, porque tenemos miedo, porque las preguntas sin respuesta aterran y porque a veces es mejor la incertidumbre que enfrentarse de frente a una cruda realidad. 

Cuándo enviaremos un mensaje sin pensar antes en las consecuencias, cuándo besaremos en una calle repleta de personas sin importar el qué dirán o el que pensarán, cuándo aceptaremos que algunos tabúes son los mayores placeres de la vida, como hacer el amor y no dejarlo ir ¿Cuándo dedicaremos tiempo a ser felices? 

Cuándo entenderemos que tenemos una fecha de caducidad, y que no pide permiso para llegar. 

Porque a fin de cuentas necesitamos lograr lo que queremos, necesitamos intentar y reintentar las veces que sean. Porque nacimos para batallar y ganar la guerra. #heahíeldilema 

lunes, 16 de febrero de 2015

Yo solo quería un cuaderno…


A la poca luz de una vela escribo en mi diario… sí, frente a la escasa luz de una cera que se va derritiendo con el calor, y que me acompaña en un nuevo apagón. Esos que se han vuelto más frecuentes con el pasar de los años.

Hoy acompañé a mamá a comprar los útiles. Comenzó un nuevo año escolar y tenemos una misión: comprar el cuaderno. Pasamos la tarde caminando entre el calor y el bululú de gente andando por las aceras. 

Una papelería se vislumbró prometedora desde que nos paramos frente a las vitrinas. Entré impaciente, y corrí por los pasillos de la estancia, entre anaqueles de papelería multicolor, pero la extrañeza se fue convirtiendo poco a poco en certeza… la gran mayoría de los anaqueles estaban vacíos y cuando le preguntamos a una empleada por los cuadernos nos respondió la frase que ha pasado a ser lo más corriente en años: “no hay”.

Las lágrimas amenazaban por colarse por las rendijas de mis ojos. Mi mamá intranquila acotó: “sólo quiero uno, basta solo uno”, pero la respuesta de la chica fue contundente: “están escasos”.

                                                                  …

Los desvencijados autobuses pitan imprudentes cuando pasan por las improvisadas paradas, la gente guindando de las puertas nos alertan que debemos esperar el siguiente. Misión incumplida. “Será otro día con suerte”, le dice mi mamá a mi desesperanza y a mis 10 años de edad, mientras me toma de la mano para esperar el transporte público.

Se detiene una unidad que al fin parece ir más vacía, pero también más destartalada. Mi papá siempre comenta que el siglo XIX no ha pasado, diciendo: "nos quedamos con las ganas de ser los Supersónicos y seguimos siendo los Picadiedras". 

Mis manos temblorosas se apoyan contra la ventana sucia, afuera se vislumbran las vías rudimentarias de una ciudad que parece más un caserío.

Una costosa valla aparece delante de mis ojos alegando que los entes municipales invirtieron una cuantiosa cifra en materia de asfaltado - ¡Tiembla el destartalado bus al caer en el mismo hueco de la otra vez! – por un momento olvidé lo que estaba viendo minutos antes ¡Ah sí! Hablaban de pavimentación.

Mi mamá me nota pensativa y comenta sobándome con una mano: “Tranquila, que así sea una libreta te consigo”. “Sí mamá”, le respondo, mientras sigo observando lo que ocurre en las calles. Una señora de la tercera edad arroja una bolsa de basura desde el tercer piso de un edificio. Desde el segundo piso de dicho edificio un niño bota el envoltorio de un helado, cuando logra desenvolverlo. Un frutero en la acera le arroja una piedra a un perro callejero, para espantarlo del puesto ambulante donde trabaja.

Una señora obesa le saca la mano al bus para que se estacione a recogerla, mientras con el otro brazo sostiene una bolsa de productos que son difíciles de conseguir (comienzan los susurros en el bus sobre el posible lugar donde los compró). Se logra montar en el bus y cuando le preguntan por sus compras explica entre risas que son “para revender y ganar alguito adicional”. Yo aún me pregunto qué quería decir con eso.

Un indigente se monta en el bus para vender caramelos, su camisa roja tiene aquella extraña mirada en el centro, de aquel antiguo presidente que ya no está, y que me han citado en los libros del colegio con más frecuencia. En ese momento el señor agrega que el gobierno no lo ha ayudado a pagar una operación y que necesita “lo que nos salga del corazón”.

La señora del asiento de adelante se termina de tomar una malta y arroja la lata por la ventana. El colector del bus empieza a cobrar los pasajes y se queda con el sencillo. Un bebé se pone a llorar porque comenzó a llover a cántaros y los pasajeros se ven obligados a cerrar todas las ventanas del transporte, intensificando el calor. Los gorros plásticos y pintorescos se hacen más frecuentes entre las transeúntes, en realidad no son gorros, son bolsas para evitar que se dañe el secado de la semana.

En la próxima acera un anciano saca la mano para que el autobús se estacione, pero el chófer lo ignora para “comerse la luz” roja del semáforo y pasa tan rápido que empapa al anciano con el agua de un gran charco.

Llegamos a la parada y nos bajamos. Aún sigo pensando en mi cuaderno, siento que el día ha sido demasiado largo, pero mi mamá agotada ha tenido días peores. De lunes a lunes sale bien temprano a hacer las compras del hogar y se le van horas sin descanso en colas que no dan para comprar todo lo necesario. Un día le pregunté: “¿Mamá esto ha sido siempre así?” y ella me responde: “no hija, los tiempos han cambiado”.

Sí… mamá luego de dos semanas me logró comprar un cuaderno, no es el más bonito, pero es el que necesito. Quizás algún día tenga mejor suerte. Esperen, acaba de llegar la luz… ¡Al fin dormiré!, no sin antes colocarme en el cuerpo un menjunje casero que preparó mi mamá. Me ha dicho que las enfermedades abundan y no hay ni repelentes ni remedios.  

martes, 3 de febrero de 2015

Mariposa


Una pequeña niña me habló. Se paró de su rincón de sueños y me comentó de sus aspiraciones, aunque esa palabra es demasiado grande para una niña con tan baja estatura.

Me habló con seguridad, sin titubeos, aunque noto en su mirada una pizca de desconfianza. Mantiene la distancia, aunque parece saber lo que quiere se comienza a notar que como todas las personas, también hay algo que la vuelve débil.

Ella nunca ha creído en príncipes, pero sí en los amores eternos. Alguna vez fue risueña, muy en el fondo lo sigue siendo, pero una tormenta la dejó devastada, se llevó todo lo que tenía, la dejó con las manos vacías, buscando luces en oscuridades, sonrisas en lágrimas... y entonces se refugió en su rincón.

Poco a poco fue construyendo un muro, un muro invisible que la volvió ciega a las ilusiones. En ese muro colocó como baluarte su fortaleza, la incorporó como una capa protectora.

Un día esa fortaleza se derrumbó, las mariposas aletearon impacientes frente a ella y quedó hipnotizada con tan maravillosos colores, una mezcla de gris y verde... ahí estaban esos animalitos pintorescos.

Por un momento creyó que las mariposas eran eternas, y abrió su corazón. Sus muchos tropiezos no la hicieron detenerse, no escuchó las precauciones... creyó, de verdad creyó que no habría otra batalla perdida... que había ganado la guerra.

No... las mariposas comenzaron a morir, sus alas empezaron a despedazarse, fueron volviéndose polvo entre sus manos, sus colores se esfumaron entre tanta candela... y ardía... todo lo maravilloso fue ardiendo y ella gritó, gritó como pudo, corrió devastada antes de que le tocara a ella morir también... no miró atrás, solo huyó... y se escondió de nuevo en su rincón, forjando una puerta inquebrantable delante de ella, que no pudiera volver la ilusión, que no regresara aquel velo invisible que la protegía pero no la cegaba a la injusticia.

Su ilusión la hizo crecer de un solo golpe, la convirtió en mujer antes de tiempo, creyendo que el tiempo es sabio se sorprendió ahogada en sus propias lágrimas, se sorprendió extrañando a la mariposa que aún entre las cenizas seguía aleteando entre colores grises y verdes, esa que en la distancia le pedía que no la dejara atrás, esa que no quería que le dijeran adiós. Pero es que la niña no huyó porque quiso sino porque era su deber. No huyó por no amar, huyó por el dolor de ese amor.

Encarceló a su corazón para no salir herida y lo destinó a un camino de paz... pero sin amor.

                                                                          ...

Algunas veces extraña las mariposas, entre grises y verdes, que aleteaban contentas. Aunque cree que su ser risueño sigue en lo profundo de su corazón, no quiere hacerlo aflorar. El miedo se volvió su acompañante más seguro, es su padre adoptivo, él que la guía de la mano, con su flux, su sombrero negro y aquel bastón de viejo; el miedo se ha vuelto su ángel guardián.

Cuando le toca salir a la calle lo hace con su padre, agarrada de la mano como niña buena, con sus vestidos de colores y cabello en trenzas. De vez en cuando mira a los lados, pero termina arropando la pierna de su padre con las manos y le dice asustada que no le suelte la mano, porque aunque se siente ya grande, sigue siendo pequeña.

Se ha acostumbrado a permanecer en el rincón, no quiere mostrarse al mundo por miedo a salir herida, por miedo a ver morir mariposas y sobre todo porque no quiere reconocer que aún, en ese órgano sentimental el amor más profundo sigue presente y aunque lo ha reprimido de una y mil maneras en esta oportunidad el tiempo no fue sabio, sino que ha servido como el juez de su conciencia... por haber dejado atrás a su pequeña mariposa.


domingo, 1 de febrero de 2015

Derrotados... sin empuñar la espada




Una tierra de sueños nos vio nacer, próspera como ninguna, feliz. Privilegiados de tener tan cerca el mar, de mirar arriba y descifrar al instante las formas en las nubes.

De cierto eso de que nada es para siempre y hoy nos carcome el miedo. El terror nos fue inyectado en la sangre, y como un virus letal nos mantiene enfermos, como una tuberculosis nos está matando... y aún en nuestro lecho de muerte tenemos esperanza de sobrevivir. 

La luz se vuelve difusa, estamos impregnados de oscuridad, se nos adelantó el juicio final y suplicamos al cielo una respuesta que no parece llegar.

Nuestras lágrimas parecen inagotables. Gota a gota manchan nuestra alegría ¿De qué sirve vivir si somos prisioneros? ¿De qué sirve ser bueno si vivimos encerrados como si fuéramos los malos?

Hemos comenzado a creer que no hay salidas y nos hemos vuelto los mudos de esta historia, la historia que no se hizo para los sentimentales, la historia que dejó de tener un final feliz. 

Nadie sabe lo que sufre, sólo sabe que el dolor tiene una magnitud ilimitada y va tomando un espacio fijo. 

Hay gritos amargos en nuestro corazón, hay una fuerza que quiere salir pero no sabe cómo, hemos olvidado en qué lección de colegio nos dieron la clase de la valentía, porque no sabemos cómo sacarla a la luz y creemos que cada día puede posiblemente ser el último ¿Y cómo le decimos a la vida que sea nuestra heroína si la vencedora sigue siendo la muerte? 

¿Dónde está la respuesta a tanta lucha? ¿Dónde están los resultados de los sacrificios? 

Palabras van, palabras vienen. Todas buscan tener la razón. 

Nadie se siente capaz de vencer el miedo y éste sigue riéndose de la cobardía. 

Hemos vuelto a ser niños en cuerpos de adultos, asustadizos de la oscuridad, infantes esperando que los grandes asuman responsabilidades, mientras nuestro alrededor va cayendo como hileras de piezas de dominó. 

Hoy puede que la pieza que caiga sea la tuya ¿Has imaginado que puede ser tu final? ¿Y por qué no? No seríamos ni los últimos, ni mucho menos los primeros de una gran lista de derrotados... los que ya han partido, en su mayoría, no se imaginaban fuera de este mundo tan rápido. 

Sí, el miedo sigue en un espacio específico del corazón, preparó su reinado y trono en él... y mientras seguimos pensando en sacarlo sin siquiera intentarlo. 

sábado, 24 de enero de 2015

La historia de un país



Laura es periodista. Tiene 25 años. A los 16 soñaba con aparecer en las revistas, animar un programa o escribir en el periódico más reconocido del país. Hoy está desempleada. Se graduó hace dos años y no consigue un trabajo estable. Sus colegas le dicen: "¿ya pa' qué? Si ganarás una miseria". Los medios de comunicación se cuentan con las manos. Nadie conoce una programación diferente que aquella que quedó varada en los noventa. La cultura y los buenos valores quedaron en 1998, cuando Laura (con 8 años) soñaba que a su actual edad estaría estable económicamente. Hoy comenta que trabajar duro no vale de nada, porque una quincena y un último nunca serán suficientes en el "país de la inflación".

Luis es ingeniero mecánico. A los 12 años su padre fue asesinado por unos delincuentes al oponerse a un robo. Le tocó hacerse cargo del hogar. Con empeño estudió y trabajó desde el primer semestre. Hoy ejerce la profesión que menos esperaba desempeñar: es oficialmente un taxista. Alega que le va mejor en el oficio de chofer. De vez en cuando cuenta chistes con los pasajeros y los escucha quejarse todos los días de lo mismo. Entre "los mismos cuentos" se le han ido cinco años. Hoy tiene 31, dos hijas y una esposa. Gracias a Dios tiene su carro desde los 16 porque al sol de hoy no ha podido reemplazarlo. Dice que mejor le ha ido de taxista que de ingeniero.

Rodolfo es abogado. Tiene 32 años. Mata "tigritos" de vez en cuando, pero repudia la justicia en el país. Confiesa que más fueron las leyes que aprendió que las que se respetan. En algún momento soñó con ser juez y un día se arrepintió cuando unos policías le "matraquearon la quincena" un fin de semana porque querían comprar alcohol. Carece de trabajo fijo, le ha ido mejor llevando casos de conocidos y allegados. Cuando su hijo le dijo que quería seguir su ejemplo de abogado, le respondió: "¿para qué hijito? si millones de abogados se gradúan al año en el país sin ley".

Martha es médico cirujano. Planea inclinarse por la especialidad de otorrinolaringología. Desde pequeña sus papás le decían que ser médico era lo mejor que podía hacer para ser alguien en la vida. En realidad estudió medicina por vocación. Haciendo guardias en hospitales le ha tocado ver salas de emergencia en decadencia, pacientes convalecientes esperando por el turno de ocupar una cama y hasta mandar cadenas a ver "¿quien sabe de un lugar donde vendan suero?". Tiene 26 años, recuerda cuando era pequeña y su papá le decía: "hija, si Venezuela llega a ser socialista lo que vendrá será miseria". Sí, ella creía que era un chiste, que nunca pasaría...

Richard es veterinario. Tiene 42 años. Su mamá se rió cuando le dijo lo que quería estudiar. Pero su vocación fue más grande al ver que los animales eran en su mayoría despreciados en las calles. Hoy tiene una clínica veterinaria y cada vez que puede coloca avisos para dar en adopción a animales, en actual situación de calle. Por un momento se alegró de que existiera una misión que les diera asilo, luego recordó que todo ha sido un montaje. Sí, 15 años de parodia no parecen ser suficientes.

Verónica es docente. La profesión que debería ser más reconocida a nivel de salario califica con cero puntos en la escala monetaria. Estudió la carrera porque desde pequeña se imaginaba inculcando valores e impartiendo sus conocimientos a varios alumnos. Por cosas del destino le tocó trabajar en una escuela pública, ha visto desde embarazadas a los 11 años hasta adolescentes amenazado a compañeros con armas. Sí, no todo es como lo pintan. Pero aún puede santiguarse al llegar y salir de la escuela porque aún tiene vida.

Ramón maneja un autobús. Tiene 58 años de edad, 30 años en su faena de chófer y tres cicatrices producto de tres heridas por arma de fuego. Su negación a un robo casi le cuesta la vida. Hoy no le queda de otra que entregar lo que tenga al hampa. 30 años es igual a 45 robos, de los cuales 20 han sido a plena luz del día. Ya después del décimo optó por decirle a los maleantes: "sí me van a robar llévense todo menos el bus, que de eso vivo"... Uno de los que lo atracó se montó un día a pedir plata a los pasajeros para la suegra que "tenía enferma".

Rosa se quiere ir del país. No ha empezado a estudiar en una universidad por eso. Todos sus amigos le dicen que se vaya, que es la mejor opción. "Este país se lo llevo el Diablo", le escuchó decir a una señora en el supermercado. Exagerado o no sabe que las cosas van mal. A sus 16 años la han atracado dos veces. Los choros le exigieron en ambas oportunidades como primera opción su teléfono, ella optó por darles la cartera de una vez, ya que ha aprendido que aquí la vida vale menos que un aparato. En las dos oportunidades los malandros eran menores que ella.

***

Historias corrientes de gente corriente... Se quedan cortas las palabras para contar otras tantas más. Pero van enumerando listas interminables de desenlaces, de miedos, de angustias, de infortunios. Todos llevamos cargas pesadas, esperanzas perdidas y nostalgias en el subconsciente. Todos esperamos un cambio. Una nueva oportunidad que evolucione las historias de los jóvenes, de los adultos, de los ancianos, de los niños.

Ellos no son diferentes a nosotros. Son nuestros hermanos de país. Son quienes hoy cargan huellas pesadas de fe. Siguen soñando por ahora, o quizá ya abandonaron sus sueños.

El reloj sigue corriendo... El tiempo se detuvo... Siguen pasando los meses, los años... El destino de cada uno de nosotros continúa escribiéndose.

¿Cuántos adioses dirás hoy?
¿Cuántas historias parecidas escucharás?
¿Cuándo cambiaremos la película?...

Sí, esta es la vida de un país. De una rutina constante. Sin cambios, sin prisas. Con inmensos sosiegos y desdichas. Esto ya es parte de Venezuela.

Y tú, ¿qué esperas para reescribir la historia?

Sin límites



Somos terrícolas, sí, pero no sólo de esos que habitan en La Tierra, sino de aquellos que portan grilletes de esclavitud. Desde que estamos pequeños, y nos enseñan las lecciones del abecedario, aprendemos entre las palabras comenzadas por “L”, la famosa: libertad. La lección que no aprendemos de esa unión de letras es a cómo obtenerla, y por mucho que preguntamos desde que comenzamos a andar en bicicleta o cambiar las camisas de grados escolares, nadie nos da una respuesta definitiva, porque en el fondo vivimos de límites, no de libertad.

Aprendimos que habitamos un país de los 195 que hay a nivel mundial, que tenemos un idioma y una jerga característica de nuestro territorio. Aprendimos que hay diversas culturas y gentilicios, que las personas tienen distintos colores de ojos y piel, que hay miradas achinadas y hasta rasgos africanos; así como acentos toscos y refinados.

Conocimos la variedad de idiomas que componen las sociedades del mundo y cómo nos limita el hecho de no saber qué significan para comunicarnos. Vivimos de fronteras compuestas en realidad de mares, tierras y vegetaciones. Fronteras que para la sociedad son muros y alcabalas que nos impiden ser libres.

Limitados por normas sociales, somos los extraterrestres de nuestro propio planeta, somos los extranjeros en esos aeropuertos en los que pisamos terrenos desconocidos, adaptándonos a nuevos pensamientos, idiomas y culturas y dejando atrás todo lo conocido. Destinados a cruzar el mundo por pedazos, sin que nos quede un retazo propio, sin que nos dejen de poner cadenas cada vez que intentamos mover los pies.

Mientras más límites nos coloquen, más volveremos en derredor al principio. A aquellos genios que nos han dejado estampas del saber; a los aprendizajes, que sin importar idiomas, se han extendido a toda la humanidad; así como todos los aconteceres políticos, religiosos y culturales cuya globalización ha permitido que se conozcan. Al final somos iguales, somos una Pangea, conformada por quienes, aún diferentes, provienen del mismo origen.

Nacimos para tolerarnos, para escucharnos, para entendernos y tomarnos de las manos en los momentos difíciles. Para entender que somos hermanos, con jergas y acentos diferentes pero con el mismo intelecto, ese que sin conocer de fronteras nos abre el camino necesario para proyectarnos y desenvolvernos en sociedad.

Quien cree en los límites, ya se está limitando por cuenta propia. Debemos reconocer como humanos que los límites nos los hemos impuesto nosotros mismos, y que lo primero que compone las limitantes son los miedos, aquellos que se apoderan de nuestros sentidos y del pensamiento cuando deseamos tener la determinación de lograr algún objetivo.

La gran diferencia entre los límites y la libertad es que el primero se compone de miedos y la segunda del valor. De aquella valentía que necesitamos para dejar de ser conformistas, para salirnos de la zona de confort y perseguir nuestras metas. Dejemos de creer que no podemos tener el control de las situaciones, porque aunque estemos en lugares desconocidos, todo tiene un giro definitivo y siempre hay una salida al final del túnel.

Debemos convertirnos en los guerreros que destruyan los grilletes que nos oprimen como sociedad, que nos atan a normas sociales y nos hacen depender hasta el fin de nuestros días de una esclavitud creada por aquellos que nos hablan de “libre pensamiento”. Comprender que todos somos iguales, que a pesar de las limitantes que existan entre todas las naciones y entre tantos pensamientos, somos los únicos que podemos perseguir la verdadera libertad mientras estemos unidos.



Escrito por Freya Farcheg para puntonaranja.com.mx

Reflexión



"Como nos vamos de este pobre país sin que el trauma del desplazamiento sea peor que seguir viviendo en esta ruina" ...

Me conseguí ese texto entre algunos que siempre guardo cuando me gustan... He de admitir que tiene una parte cierta. Muchos se preguntarán ¿qué se siente vivir en Venezuela con tantos problemas que hay? Para muchos ya se ha convertido en una costumbre, estamos acostumbrados a las malas noticias, estamos acostumbrados a subir "el Niágara en bicicleta"... También está el hecho de ¿cómo ayudar a que las cosas cambien si se ha intentado de todo y lo que menos hay es unidad?

Sí, aunque parezca mentira, vivimos en una encrucijada, estamos entre una espada y la pared, inclinándonos hacia la primera opción que salga, trabajando para tener dinero que sólo alcanza para comer (y si acaso), con profesionales ejemplares que no hayan que hacer con sus carreras. Los jóvenes o adultos nos las estamos viendo difíciles, y una de las primeras opciones es ¿será que me voy?... Sí, aunque para muchos suene descabellado huir de su país, para nosotros esto también se ha vuelto una costumbre. Poco a poco hemos tenido que decirle adiós a nuestros amigos, familiares y conocidos, entre lágrimas los hemos visto partir. El mundo entero ha pasado a ser un rompecabezas de Venezuela, cada país tiene sus piezas.Y en serio ¿será lo mejor? Irse también nos hace abandonar nuestro confort, nuestra identidad, porque afuera somos simplemente "los venezolanos", los extranjeros, hay una parte de nosotros que sigue impregnada de esta tierra...

Sí, hay que buscar salidas para lo imposible, quien quita que entre la espada y la pared también existan soluciones. Puede que algún día esa pared se derrumbe o el que alza la espada decida arrojarla... Al final de cuentas, en Venezuela nos sentimos también extranjeros, sin derecho a opinar de nuestro país y afuera sucumbimos al trauma de ver sufrir a quienes queremos. Sí, como dice este texto: "más profundo es nuestro dolor, cuando nos vencen con nuestras propias armas".


Nada le duele más a un venezolano que Venezuela.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

ZONA ROJA




Un disparo

¡Muerte!

No.... el corazón sigue latiendo...



Típico. Es rutina. Ya ganamos la corona del país más peligroso del mundo. Tenemos un caparazón preparado para la sangre. La violencia es más fácil que comprar una afeitadora.


Juegos de ruletas rusas que no paran de dar vueltas. Girando y girando, esperando quién cae hoy, riéndose ilusas de nuestro miedo, queriendo hacernos sucumbir como tantos otros han sucumbido y que la mortalidad siga creándonos fama.

Las etapas de la evolución en la vida han cambiado. Entre el nacimiento y la muerte hay sólo una opción: la incertidumbre.

Hemos habilitado nuestros sentidos para que después de las seis de la noche no se atrevan a deambular por las calles. En los suburbios se escuchan los disparos. Las películas nacionales violentas nos presentan la muerte, a manos del hampa, como su carta de presentación. Hay inseguridad en las esquinas, hay zombies como sombras en las rutas oscuras, hay más pistolas que comida.

Fuiste víctima de un robo. No sabes si sentirte afortunado/a por todavía respirar o pensar que has desvalorizado la vida. Tu pulso aumenta, tus latidos van al trote de una hora de cardio, sientes que has sudado frío en menos de 10 segundos pero en realidad no llevas ni la cuenta ¿Cuánto tiempo pasó? ¿Qué hora es? ¿Qué día? ¿Qué estabas haciendo? ... Perdiste la noción de tu rutina... El malandro, ese ya debe ir bien lejos.

El zumbido de una moto aumenta tus pasos por la calzada. Sin tenerlo al lado, ya tus piernas tiemblan. Tomas con fuerza tu bolso, apuras el paso, cierras los ojos "¡Señor, lo que tenga que pasar que pase!"

Deseas que el chofer no vaya acompañado, que el modus operandi no sea nuevamente de un parrillero. Te alivias si ves que es una moto de costosa marca porque hay una probabilidad 8/10 que seas la próxima víctima. Te alivias si el que te atacó no lleva pistola.

El rostro del delincuente te persigue en sueños. Cierras los ojos y no olvidas su tez furiosa. La ofensiva que utilizó para arrancarte tus pertenencias. La mirada astuta de lograr su cometido y dejarte indefenso/a. Allí aún queda el recodo de curiosos que no hacen nada, sólo observan.

Por ese leve lapso de tiempo que pareció una eternidad recuerdas toda tu vida. Aún tienes aliento, saboreas la saliva que ya quedó helada y logras volver a respirar. Ese segundo en el que todo ya pasó y aún vives, te hace sentir que las oportunidades valen oro y que sólo te has vivido quejando, cuando hoy deberías sólo agradecer.

Una sociedad somnolienta, que no opina, ni comenta. Seres que dejan a la suerte no ser víctimas de la delincuencia. Raspando las opciones, dejando a la intuición y al destino lo que tenga que pasar. Ya no es la cadena de oro, ya no es el reloj, ya no es dinero, ya no es un teléfono... Ya es tu vida y otras tantas gotas más de sangre sobre el cemento.

Silencios de crónicas que quedan en las bocas de quienes lo han sufrido. En quienes han visto morir a un familiar pero no lo comentan porque saben que la justicia se fue de paseo. Tristes anécdotas pintadas en cuadros grises, de esos que no entiendes por qué se hacen, por qué te mantienen prisionero/a a un sistema ineficiente. Donde el que pueda robar, robe; y el que pueda matar, mate.

Nos volvimos prisioneros, somos los presos. Los esclavos de las rejas. Los que les dijimos adiós a las aventuras nocturnas y tememos que en la mañana nos toque ser la presa sacrificada.

Trabajamos rudamente para que nos roben nuestros ingresos, lloramos por injusticias de las que ningún ente gubernamental responde. Sin resguardos, sin seguros, sin protección, sin ley.

Presos de las casas hechas cárceles. De los muros eléctricos. De los candados en las puertas. De la preocupación de que si dejamos algo mal parado ya no aparezca.

Los cobardes de no tener para entregarle algo al choro que no sea la vida, de los que repasan las listas de los intentos y los asaltos presenciados en toda nuestra vida. Los prisioneros de escondernos lo importante en las zonas íntimas.

Sufrimos de miedo. Sufrimos de anhelos. De querer retroceder el tiempo y poder evitar tantas injurias. De izar al fin una bandera blanca de paz, como tantas otras veces hemos izado la tricolor en fiestas patrias.

Volviéndonos fieles amantes de una guerra sin escapatoria, en la que todos quieren hablar pero nadie quiere hacer. Sí. Somos el país más violento del mundo y por ello lo que está afuera de aquí no nos sorprende, nosotros vivimos tantas otras cosas multiplicadas al triple y aún así sobrevivimos.


Freya Farcheg

sábado, 23 de agosto de 2014

Peloteando la culpa



“Le robaron las cholas y lo mataron”… Es un titular más, una columna de relleno en una página de sucesos de un periódico cualquiera, en el que a diario se escriben peores asesinatos, o una noticia sencilla ante tantas que se leen en el país entero, pero fue una gota que colmó un vaso en la conciencia. Porque es hasta grotesco pensar que por unas “cholas”, jerga criolla que se usa en el oriente para denominar a unas sandalias corrientes, o playeras pa’ nosotros, que vivimos cerquitica del mar, (alegando que en tierras zulianas es hasta una grosería), aquí se asesine a alguien por un artículo que no vale más que el arma de fuego por la que se mató.

Pero fue así como a un adolescente lo acribillaron por un teléfono y para dejarlo descalzo le quitaron sus cholas, y ni modo, por qué quién va a buscar al malandro después de ese robo, si aquí a diestra y siniestra roban, descuartizan, asesinan y golpean a malsanva, sabiendo entre risas que nadie va a meterte preso ni te van a objetar culpabilidad alguna, porque la impunidad puede más que la justicia, y si no pues existe el exilio.

Y es que la culpa se la pelotean tipo juego de la “papa caliente”, va de un extremo a otro, contaminando los sentidos pero no el subconsciente y de un extremo a otro se escuchan frases en la calle, en las colas, en las protestas, en la rutina pública alegando que “nadie dice nada”, “la gente no reacciona”, “vamos pa’ tras como el cangrejo”, “este país se lo llevó quien lo trajo”; pero ¿qué son los plurales frente a los singulares? Si somos buenos para mandar a otros, porque no somos igualmente buenos para nosotros mismos reconocer que en la unidad está la fuerza, en dar cada uno su propio grano de arena.

Pero, la culpa es del gobierno.  No, del vecino que no colabora. No, de los estudiantes que dejaron de protestar. No, de la MUD que no sirve para nada. No, de la estrella fugaz que pasó y no me dejó pedir un deseo… ¿Entonces, de quién es la culpa? Seguiremos jugando a la “papa caliente” viendo a quien le toca salirse del juego cuando se queme la papa, esperando un no sé qué, porque aquí todo el mundo espera, pero nadie dice que es lo que están esperando. “Qué las cosas mejoren”, a según, pero es que debe ser que todo en el mundo se ha hecho solo, sin mover un dedo.

Y mientras matan a un chico por unas cholas, eliminan al parrillero masculino de una motocicleta para disminuir el hampa, asesinan y descuartizan a parejas por celos, tiran bombas lacrimógenas por exigir bañarse en una playa que queda en Venezuela; y es de los Venezolanos, porque ni modo que si nacimos en una tierra con un nombre y ya de ahí te queda de por vida ese lugar marcado como natalicio tienes el derecho de disfrutar de él, y lejos de lo que se llama frontera no seas más que “de nacionalidad venezolana” vengan unos extranjeros a echarse “agüita” criolla con unas “cholas” que no son de aquí y por la que los choros matarían también, nosotros nos tengamos que conformar con humito de bombas lacrimógenas, para no decir con la sangre impune de nuestros hermanos criollos, que bastante han trabajado para disfrutar de nuestros atributos naturales. Pues sí, hasta ese extremo de pelotearse la culpa hemos llegado.  

martes, 12 de agosto de 2014

En cuarentena




Las noticias gritan. El olor del papel periódico entra por las fosas nasales congelando los pulmones, ya lo fabrican con hielo. Cada noticia golpea nuestra integridad, volviéndola una vasija rota. Los medios virtuales lanzan chispas desde los objetos tecnológicos… no más, no más ¡No más!

La ceguedad nos atacó en proporciones sobrehumanas. Fuimos contagiados por una enfermedad sin nombre que no conoce de fronteras y cuando las cruza se vuelve incurable. No importa el sitio que pisemos, el hecho es que perdimos el tacto y lo convertimos en falta de humanidad. No sentimos, no razonamos, no analizamos… sobrevivimos.

¿Respetar un paso peatonal es un delito? ¿Cruzar el semáforo en rojo es una prioridad? ¿Comprar en un supermercado no puede dejar de ser una guerra, donde lo que queda son las ruinas y el hambre? ¿Cuándo las papeleras pasaron a ser el decorado de los postes y la basura el de las calzadas?

Nos volvimos invencibles en zona de combate. Nos convertimos en los  fervientes enemigos de la tierra que nos vio nacer. La criticamos a muerte, la hicimos polvo entre las manos, la destruimos a diestra y siniestra ¿Pero en qué parte del pasado la quisimos de verdad? ¿En qué lección de colegio nos enseñaron a ser nacionalistas?

Echamos al fuego las historias que ya están plasmadas, atacando el pasado y dejando la esperanza al futuro. Olvidando que las memorias ya son cicatrices, que las marcas de lo efímero al final rinden cuentas. Relegando las muertes, la miseria, los suburbios, los presos políticos… la libertad.

Estamos en cuarentena. Huimos sin pedir respuestas. Nos hemos convertido en unos cobardes resignados a la cobardía, buscando en otros destinos una esperanza que nos devuelve en derredor a esta tierra hecha ruinas. Donde la sociedad se ha vuelto individualista, donde poco valen los intereses ajenos sin estar primero los propios, donde robar a nuestros hermanos de país vale más que ayudarlos. 

Hemos teñido de sangre las calles, borrando con pintura y asfalto lo que ayer eran manifestaciones de libertad. El sentir se transformó en una carga, a la que preferimos relegar para que ya no nos pese. Obviando que hay agujeros mucho más profundos que aquellos que vemos en las vías públicas, hay agujeros de corazón, de nostalgias en el pecho, ese corazón sediento del amor que ha volado como granos de arena frente al viento.

Nos enfermamos de la fiebre de la ignorancia, nos picó la plaga de la discordia, hemos abandonado en nuestro lecho enfermizo las ganas de luchar, la esperanza... la paz. 

Agotamos nuestros días en una rutina cansina, fingiendo lo que no somos, criticando a los demás, alabando lo que no es nuestro, envidiando lo ajeno, llenando las carteras de ego, simulando ser ese país de apariencias por lo cual no avanza... enfermos, vivos, tipo zombies, alejados del mundo... en cuarentena. 


jueves, 31 de julio de 2014

Al mejor postor



En la subasta del amor, Cupido es en realidad un juez. Gritos acalorados y réplicas de hombres enfurecidos llenaban la habitación.

El enanito, con mazo en mano, no dejaba de solicitar inútilmente que se hiciera el silencio en la sala. Todos querían hablar a la vez, dar a conocer la mejor razón para comprar a la chica subastada en el centro de la estancia.

La peluca blanquecina del querubín se echó a un lado mostrando un poco de su calvicie, cuando desató en un grito su molestia:


   -   ¡BASTA!


El mutismo se regó entre los presentes sorprendidos, y unos cuantos conteniendo en labios apretados las carcajadas de aquel desbarajuste cabelludo. Al final, el juez tomó aire y recuperó el habla:


 -  Ahora que al fin se hizo el silencio, espero que cada uno pueda decir en 10 segundos la mejor razón para ganar esta subasta.


Las voces comenzaron a agolparse en susurros. El Egocéntrico tomó la batuta de la situación:


 - Exijo que se me otorgue la posibilidad de ser el primer voluntario – mientras con una mueca burlona mostraba al público su gusto de poder relucir entre todos.


Cupido, un poco resignado ante aquellos alumnos que siempre quieren resaltar en clases más que los demás, le respondió con voz cansina: “Adelante”.


El Egocéntrico, vestido en un traje impecable de alta costura, se encaminó con decoro al centro de la habitación y ladeando su cabello hacia atrás, se arrodilló a los pies de la dama.


   -  Yo soy el hombre que buscas, entre todos los demás tengo mucho más que ninguno: inteligencia, porte, estilo… hasta puedo hacer que tú seas más bella que yo, porque de hecho… estás como medio gordita.



       -   ¡BASTA! - Cupido encolerizado repudió la agresión verbal y hasta la dama mostró cara de ofendida – Señor, vaya a tomar asiento que hace más de un minuto se le acabó la charla.


El Buenmozo le siguió al Egocéntrico: 


   - Chica, tienes que dejarte llevar, romper paradigmas, no te enrolles, disfruta de la vida – y guiñándole un ojo se regresó con porte campante a su puesto.


El Observador levantando una mano anunció:


    - Yo no creo que seas para mí, pero yo tengo un amigo con el que te puedo hacer la segunda.


El Intenso le siguió a sus palabras acercándose a la chica, tomándola de la mano fuertemente, con aire de que ya era suya:

   
    -  Nadie va a quererte como yo, porque no soy igual a ninguno. No existe hombre en La Tierra que se me compare en sentimientos.


El Infiel, con voz socarrona, empujó a un lado al Intenso, haciendo que soltara a la chica y rozando la mejilla de la subastada le susurró al oído:


    -   Ey, muñeca, yo cumpliré tus fantasías, con tal de que no seas celosa ni posesiva. Pero ojo, tú solo puedes ser mía.


El Inseguro, intrigado de la conversación en susurros, comenzó a tartamudear:


         -   Por… qué… se…rá… que las mu…je…reees siempre se ena…moran de los pe…rros, si aquí esta…mos noo..soo..tros.


El Chistoso estalló en carcajadas:


     -   Cállate mojigato, que yo la voy a hacer reír hasta en las horas tristes.


El Aguafiestas lo retó:


      -   Pues claro, porque tú no sabes más que de pavonear tu humor pero esta chica lo que quiere es un hombre serio.


El Cobrador insinuó:


         -   Yo la invité a varias citas y como pago me tiene que corresponder.


El Testarudo siguió:


       -  Ella dice que no, pero yo sé que de aquí a unos años cambiará de parecer y yo le gustaré.



El Coqueto, rozándole la espalda a la chica con una mano, llamó su atención:

   
   -   Mi amor, tú lo que necesitas es cariño y pasión.


El Ricachón sacó su paca de billetes del bolsillo y la pasó delante de los ojos de la mujer:



      -  ¿A quién más que a mí necesitas para hacer realidad tus sueños?


El Confianzudo se irritó:


     -  Ella es mi amiga desde hace años y por eso me merezco comprar su atención, aunque no me quiera.


El Presumido continuó:


      - Yo alardeo sus fotos, le mando mensajes mañaneros y nocturnos ¿Díganme quién merece este reconocimiento de voluntad?


El Acosador, olfateando una prenda en sus manos, siseó:



     -   Yo conozco sus horarios, rutinas, manías... He seguido su camino por bastantes años, así que yo merezco este precioso premio.


El Pana tomó la batuta al fin, saludando con chocadas de mano a todos sus compañeros, y abriendo los brazos en el centro de la sala anunció:


         -  Chamos, ustedes saben que yo gané la subasta.


El Cobarde, caminando encorvado y escondiendo su rostro detrás de una capucha dijo:


          -  Yo la quisiera si no me aterrara su papá, sus costumbres, sus miedos y hasta su mascota.


El Sabelotodo, con aires de genio, le respingó:

    
      -  Chamo tú no, porque la explicación científica de este proyecto dice…

***

Dos horas después todos se despiertan somnolientos y bostezando de una larga siesta. Cupido sobresaltado de haberse dormido en horarios de trabajo toma el mazo y da dos fuertes golpes a la mesa, se acomoda las gafas y la peluca y dice, carraspeando:


       -    Hemos dado por ter… - (en ese momento se detiene al notar que la dama es la única que no sucumbió al sueño y permanece callada en la habitación, mirando hacia el suelo. Sus largos cabellos negros le caen como una cascada a ambos lados del rostro, llegándole a sus pies y entre ellos se pueden observar entrelazadas algunas gotas cristalinas).


      -   ¿Estás llorando? – le dice el querubín, despertando el escándalo en algunos de los hombres, que con caras de espanto la miraron fijamente.

La chica movió la cabeza negativamente y permaneció en mutismo. Algunos de los presentes comenzaron entonces a huir despavoridos diciendo: “Yo no estoy preparado para esto”, “¡qué va esto no me lo calo!”, “ya yo creía que iba a ganar”…

Entre tanto, Cupido comentó: 


    - No hay remedio muchachos, la subasta se cancela. Ya ganó el mejor postor. Tengo que admitir que con tantas décadas mi labor sólo ha sido defraudar a la sociedad. Soy una farsa pintada de rojo ¡Me jubilo!”.



      -   ¿Cómo va a ser? – dijeron al unísono los candidatos que quedaron.


El Mentira Fresca, que no pudo hablar porque el Sabelotodo le quitó el tiempo, y unas cuantas horas de sueño, pronunció con desdén:

   
    -  ¡Já!, si aquí a nadie se ha anunciado como ganador. Basta que yo diga todo lo que sé para que ninguno me lleve la contraria.


      -  No, no, no… ya hay un ganador y está ahí – Cupido señaló entonces el lugar donde estaba sentada la chica de largo cabello.



En ese momento la dama se movió levemente y de reflejo se notó que estuvo todo ese tiempo sobre un baúl hecho de oro y no sobre una silla. 

Las exclamaciones no tardaron en entreverse y el enanito manifestó con su voz de nerd: "Ven, allí está el ganador". 

Bajó del podio, donde parecía más alto que sus pocos centímetros de altura, y le indicó con una mano a la chica que se parara por un momento. Sacó de su flux una llave dorada y con delicadeza la insertó en el orificio del cofre. Un leve clic indicó a todos que había llegado el momento de conocer al postor más rico de todos, aquel que había superado los 10 segundos de tantas palabrerías y talentos. Aquel que portaba la virtud de conseguir tan valioso regalo. 

Al levantar la tapa y acabar con la incertidumbre, los ecos de sorpresa se perdieron en el aire y solo quedaron rostros vacíos e interrogantes. 

Cupido miró a la chica y entre ambos hicieron un gesto afirmativo. 


     - Sí señores - dijo el querubín - la subasta ha terminado. Porque no hay mayor riqueza que el oro del amor, y no hay mejor postor que el corazón y ante él, ni la lengua más fina ni el traje más caro, tienen cabida. Este corazón ya tiene escrito un autor con tinta indeleble, y cada uno de sus latidos grita un nombre, inconteniblemente... así ese ganador no esté presente, aún le pertenece. 



FIN 

Freya Farcheg 



















lunes, 23 de junio de 2014

Extraños


De diciembre en diciembre me perdí. Como una roca en el camino con la que tropecé. Un aporreo en el pie, un dolor en las costillas, un morado en la pierna, un segundo en el que corazón se detuvo. Y luego se siente extraño, porque creías conocer el camino.

730 días de morir y renacer. Con cosas que quedaron y otras que pasaron a la sección del olvido ¿Puede todavía el amor ser tan permanente?

… Más permanente que una foto impresa, más genuino que una fecha de cumpleaños, más duradero que una huella marcada en la historia, más entrañable que esa distancia que no se acerca, más importante que un mensaje sin borrar, más inolvidable que un grato recuerdo.

Tal vez hoy mi memoria no mintió, mañana puede que me engañe. Me duermo con el último pensamiento que me queda. Dormido en mi recuerdo, como esas personas que se van y no regresan, que mueren físicamente y dejan cicatrices mentales. Dormido en mi psiquis, como un espejismo, algo irreal. Ese quien para este entonces no habrá ocupado mi cama, no me habrá hablado, ni se habrá reído risueño por cualquier tontería… ese que ya no sabrá quién soy yo.

Ese personaje de una historia lejana que sigue reinando en mis sueños, ocupando un lugar en mi subconsciente sin permiso y con autoridad. Cuyas vivencias perdidas en el espacio parecieran provenir de un mundo paralelo, reflejando momentos que pudieron no haber ocurrido. Simplemente esa persona desapareció de tu entorno, simplemente hay quienes crees conocer y pasan a ser extraños. Extraños que quizá nunca conociste.

Le pides a la cátedra del “valor” que valore antes de perder, que la realidad de la vida no sea vivir de finales. Haciendo rodar la ruleta rusa del sentir, en la que hoy puede caer blanco o negro, pero nunca gris. Cambiando los sentimientos como pasando páginas de un libro, sin recordar lo que decíamos en las hojas anteriores. Dejando pasar los anhelos pasados, por los presentes.

Cada móvil de lo vivido pende del techo, sostenido con ese nailon resquebrajado cuya carga pesada va cayendo al suelo, haciéndose añicos. Salimos a la calle con una nueva careta, de sonrisas o pesares, simulando el querer más profundo, por aquel que sí tenemos en las manos.

Somos prófugos de la felicidad, la que se escapa cuando menos lo esperas, como aquel invitado que nos embarca y nunca dejamos de invitar. Morimos mil veces en nuestra psiquis a pesar de que nuestro cuerpo nos exige seguir respirando.

Podremos estar resquebrajados por dentro, recordar que los extraños del hoy, ayer no lo fueron tanto. Solo fueron alguien más en el paso de la vida. Solo han sido el pasado de un futuro, el instante más feliz de tu existencia convertido en una nueva agonía.  


martes, 17 de junio de 2014

Mentes truncadas



Hoy nos levantamos con la misma interrogante: ¿Hasta cuándo? Los días y las noches ya nos saben amargos. Tenemos el corazón cargado de desconsuelos. Seguimos gritando un futuro distinto.

Perdimos el norte, la cuenta en el calendario, la terminación del año en el que nos estancamos. Olvidamos que los Kinos se jugaban los domingos. Que el humor era del programa de los lunes. Que lo que ayer nos sobraba, hoy no aparece ni de embuste.

Somos los jóvenes de mentes truncadas, de tiempo mortal, pero oportunidades limitadas. De esperanzas de cambios, de menos puertas abiertas. Somos el país del estatismo, mientras las fronteras están en movimiento.

Somos los profesionales de limitados porvenires, somos los adultos que abandonamos en la niñez las aspiraciones materiales, somos los expertos en colas por necesidad y no por gusto, somos los que resuelven con lo que hay, más no con los "no hay". Somos los que tememos que el mañana sea peor que el hoy.

Somos los que trabajamos más de la cuenta, para tener la mínima cuenta. Somos las víctimas del verdugo inflacionario, que aplasta a los billetes del bolsillo. Contabilizando lo meramente urgente, tanteando lo conseguible, anotando los lujos a planes del mañana, dejando los placeres a la categoría de imposibles.

Somos los que pateamos nuevos destinos, comenzando de cero el kilometraje que ya no da vuelta atrás, somos la masa que queda y la que decidió cargar el equipaje, somos los que luchamos y a la vez nos resignamos.

Somos los que despertamos todos los días con un nuevo desafío social, somos los caribeños manchados de injusticias, somos los turistas en nuestro propio país, somos los de pensamientos oprimidos en mares de riquezas, somos los de anhelos y otras tantas batallas perdidas.

No somos una nación más del montón. Somos los victoriosos, los que aguantamos penurias, hambres, rivalidades partidistas y noches de encierro para que no te mate también el miedo. Somos los que vivimos de despedidas, los que dejamos en el pasado las vivencias de quienes solo se iban "por ahora".

Nuestros anhelos se han vuelto sobrevivencias, entre el ruido que hace la inseguridad en los oídos, disparando a sus anchas al distraído, atacando sin pudor al inocente. Hemos dejado de creer en el futuro, hemos decidido anhelar también una maleta. 


Hemos decidido negarnos a decirle adiós a Venezuela.