sábado, 27 de abril de 2013

¡Abajo cadenas!




La cadena irrefrenable que eslabón tras eslabón refrena nuestras aspiraciones. Desde el momento de pararse de la cama te topas con que no hay luz, apagones que sobrepasan muchas veces el tiempo acordado de racionamiento.

A la falla eléctrica se le suma la carencia de agua en el grifo, ligado a los mosquitos revoloteando con el hollín que se cuela por la ventana.

Te acercas al refrigerador y ya las presas se están descongelando al calor de la sequía. En la despensa donde antes no cabía ni un paquete ahora más bien sobra el espacio.

Cansada/o del apagón sales un rato al supermercado a comprar lo que haga falta pero al llegar te tropiezas con las colas de quienes se ponen la coraza de la paciencia y dejan transcurrir un tiempo sin fin entre la muchedumbre.
Lotes de productos básicos que antes estaban en exhibición se consumen poco a poco en los carritos, entre el vapor que produce la rabia y la impotencia.

Caras largas esperando lo inesperable, porque si hoy hice una cola pesada, mañana puede ser una peor. Un establecimiento tras otro lleno de pisadas de consumidores y los restos de plástico y paquetes rotos que dejó el anhelo y la desesperación de tener ese artículo que falta en tu morada, ese producto soñado, el que por años ha representado la tradición de un pueblo. Así sea harina, leche, papel, café, azúcar, aceite, mantequilla (…) cada artículo lo que causa son risas irónicas en los empleados del mercado, como si les hubiéramos preguntado si Dios bajó hoy del cielo.

Qué dirían las carreteras del país si pudieran hablar de los muertos que han teñido de sangre el asfalto. Sucesos que han quedado en el silencio de páginas que van y vienen de periódicos… (Es otro más del montón, no importa).
Pero ese “no importa” se convierte en un “a mí también me pasó”. Cuando algún familiar tuyo sucumbe entre los males que aquejan a la sociedad venezolana.

Y si pudieran los edificios y las calles hablar de la violencia que azota en las esquinas, de cuántos inocentes han pensado en los últimos segundos de sus días antes de perder su hálito por un delincuente. Malandros que sacian sus ganas de tener objetos materiales que les valen una y hasta millones de vidas en sus manos… muchas de ellas que no necesariamente son “ajustes de cuentas” como pinta el Cicpc, quien se conforma por investigar “por encima” y calificar la opción más fácil.

Morgues que se llenan a diario de cadáveres, donde no entra ni un alma más, donde el sentimiento se enfría por una rutina en la cual lo que menos se acaba es la muerte, cátedra favorita de muchos de los que ojean los impresos.

Medicamentos que dejan de existir, enfermos que deben conformarse con genéricos o con una sola caja de aspirinas que no llegan ni al mes entero.
Hospitales que carecen de gasas, inyectadoras, algodón y hasta de camas; porque sale más caro el remedio que la enfermedad y es mejor esperanzarse con no tener que pisar algún día un nosocomio. Esa realidad se liga a la negligencia de contados galenos a quienes  poco les importa una vida si tienen más de 100 aguardando en la sala de espera.

A eso se le suma la descabellada inflación y una moneda que más que ayudar empeora la situación social, un billete que representa al país pero que al parecer ya nadie sabe qué hacer con él. Carritos que en los noventa llenabas con Bs. 100 ahora necesitas más de Bs. 5 mil para hacerlo. Doctores que podías costear al mes te valen hasta la venta de tu carro para meterte en el área de quirófano de una clínica. Antojos de “bolos” te quitan lo poco que ahorraste para la semana.

Y no conforme con el estrés de no conseguir lo que buscas o de que no te alcance el dinero para nada, te topas con torbellinos de discusiones entre los que apoyan y repudian al Estado. Y que será de la sociedad, miedosa y encomendada al cielo para que ese próximo motorizado que está pasando por la calle no se antoje hoy de robar, o que el carro si amanezca en el garaje, que no te arranquen la cartera, que no te quiten el teléfono, que no se adueñen del apartamento en alquiler que tanto “te sudaste” para poder costear, que hoy sí te dé el chance de aspirar un crédito, que puedas conseguir la mercancía suficiente para que tu negocio no se vaya a la ruina… que HOY no te anoten en la lista de los que han perdido la vida.

Y hasta esos pequeños y grandes comerciantes que han dejado de hacer lo que les gusta o han tenido que sacar de su bolsillo para costearlo porque las ayudas del gobierno siguen “brillando por su ausencia”.

Aún preguntan ¿Por qué hay escasez? Pues esa es la misma cadena que pica y se extiende, que va desde la importación de todo lo que se podría producir aquí, de la misma deuda externa, de la ausencia de productores en el campo  (que se encomiendan a Dios para que no los maten los hampones de las zonas rurales), de esos distribuidores que se ven afectados por la inflación y aumentan; perjudicando al vendedor y mil veces más al comprador. Del mismo “acaparamiento” que hacen los buhoneros, aprovechándose de aquellos que buscan en un pajar sin conseguir ni una aguja, porque lo que te falte en tu hogar a ellos más bien les sobra pero al doble del poder adquisitivo.

Mareas de sueños que se pierden en los “NO”, en los carros que nunca podrás pagar, en las casas que nunca podrás tener, en esa clase media que pasó a ser pobre y en los pobres que pasaron a ser más necesitados de lo que antes estaban.

Y ahí siguen los damnificados en los refugios añorando un hogar; aquel que no perdieron por gusto, sino por designios de la naturaleza.

Son las promesas que tanto se nombraron y nunca se cumplieron.

Con las añoranzas de un gabinete moderno, de caras nuevas, de profesionales más aptos y que de seguro hoy están desempleados. Que no sigan intercambiando cargos a gente que durante casi 15 años no ha hecho más que cargar ese bolsillo de billete. Mientras que en las calles el bolsillo pesa… pero de la necesidad.

La voz popular que exige y no obtiene ganancias… mezclas de dicha y de horror ¿Quién puede arrastrar tantas cadenas y grilletes? Eslabón tras eslabón cerca de la deriva.

Y haces la cola porque no te queda de otra, se te espicha un caucho porque es que la calle sigue mala o la dejaron peor luego de meter una tubería. Se te dañó el repuesto del carro y tienes que esperar hasta seis meses para volver a manejar porque lo que necesitas también pereció ante la escasez. Pasas por la casa de tu amigo y que ni se les ocurra sentarse en el patio a las tantas de la noche si no quieren que los roben, y olvídense de portar oro o plata en la calle con normalidad. Aquí a cada quien le ha tocado su sancocho de infortunios.

Y llegas a tu casa y cuando al fin hay luz prendes el televisor, pensando que la tranquilidad tocó la puerta, pero cuando lo enciendes lo que ves es otra cadena. Ese corte nacional que solo anuncia mejoras donde hay pesares, palabras donde hay reclamos, sonrisas donde hay lágrimas, promesas donde hay resignaciones.

¡Venezuela GRITA y exige que se echen abajo esas cadenas!




viernes, 22 de marzo de 2013

La nación del eterno verano...



Eran probablemente las 5:45 pm del cinco de marzo del 2013, cuando escuché el comunicado por una emisora. No recuerdo el trivial de la misma, solo el mensaje, que de alguna manera parecía equivocado o era yo la que no lo podía creer. Hugo Chávez Frías, actual presidente de Venezuela había fallecido, luego de más de año y medio luchando contra el cáncer, enfermedad terminal que al final nunca supimos donde la tenía…

Su muerte, al parecer se había producido por “un infarto fulminante” a las 4:25 pm de ese día en el Hospital Militar de Caracas, lo que significó siete días de duelo nacional… Inmediatamente las especulaciones comenzaron a hacer estragos en las redes sociales y admitían que ya estaba muerto desde antes, luego de que prácticamente se fuera el 10 de diciembre del 2012 a La Habana –Cuba para intervenirse por tercera vez y hasta el día de su muerte no se tuvo una noticia fehaciente al respecto.

En lo que si coincidieron las criticas, comentarios, insultos e informaciones fue en la realidad: "el fin de una ERA" que muchos vivimos desde la niñez, desde aquel entonces, ese diciembre de 1998 cuando Chávez logró ganar la presidencia ante su seguidor más cercano en votos, Henrique Salas Romer.

Fue ese mismo año, que Chávez mencionó la decisión de crear una nueva constitución venezolana y citó aquellas mismas palabras de Simón Bolívar: “Aunque la naturaleza se oponga lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”… Palabras que para muchos críticos fueron como una profecía que sentenció lo que ocurriría en el estado Vargas y arruinaría por completo las navidades de ese año. El deslave, la tragedia más grande que ha ocurrido en Venezuela y de la que aún ese mismo territorio no se ha recuperado, ni ha vuelto a ser la gran zona turística que era en aquellos años noventa por sus playas y comercios.

Tendría yo unos nueve años cuando vi a Chávez por primera vez en televisión. No tenía la edad suficiente para votar pero le hacía caso a lo que decía mamá y si ella decía que el comandante no sería buen presidente, pues yo le creía. Recuerdo que el caso contrario fue papá, quien con su mente testaruda quería hacer su voluntad y seguía insistiendo en que ese era el presidente que iba a cambiar a Venezuela. Sin duda… LO HIZO.

Tengo 23… un sinfín de sueños y recuerdos por delante, entre ellos cada diciembre que he pasado en casa de mi abuela, de los cuales nunca falta la política sobre la mesa. Como olvidar que cada 24 y 31 de diciembre la pregunta era ¿Cuándo se va Chávez?… aquel señor de traje militar y boina roja que por un ligero momento fue derrocado el 11 de abril de 2002, para luego regresar a los dos días. Creo que ese hubiera sido el chance propicio para que él se fuera, ya que luego de ahí las cosas no volvieron a ser las mismas.

¿Por qué nada fue igual desde entonces? porque luego quienes decían que eran chavistas o quienes eran de oposición en realidad se han vuelto parte de un “mazacote” de decisiones. Los medios de comunicación cada día comenzaron a ser amenazados, algunos cerraron, algunos decidieron de la nada apoyar a la revolución luego de que eran los primeros que emitían críticas destructivas del Socialismo del Siglo XXI. Uno de los que fue incapaz de ponerse de rodillas fue RCTV, el canal que muchos conocimos desde niños por sus novelas emocionantes, algunas “culebreras” y programas chistosos como Radio Rochela; compuesta por actores que hicieron su escuela y su carrera en esos pasillos… ¿por qué recalco la presencia de ese canal? porque sé que la nueva generación no pudo tener el privilegio de pasar el canal 8 y ver el logo RCTV. Ese logo integraba nuestra identidad criolla y la de muchos de mis colegas periodistas.
Nunca olvidaré ese 27 de mayo de 2007, cuando a la medianoche la señal se fue sin más… esa pantalla de colores quedó negra. Pero oscura no solo de sintonía, sino también de esperanzas…

Era yo una estudiante de Comunicación Social e inmediatamente al día siguiente no hizo falta pisar la universidad. Las clases fueron suspendidas por los disturbios que se originaron a nivel nacional en protestas por las medidas gubernamentales… y por la idea de que Tves (canal del gobierno) hubiera reemplazado la señal abierta del canal opositor. De nada valió… hoy, luego de casi seis años RCTV no ha vuelto a la televisión nacional, a pesar de que no han dejado de emitir noticias por páginas web y redes sociales.

Lo que más impresiona de esto no es tanto la pérdida de un canal, ya que solo es uno ante muchos otros que han tenido que cerrar, o ante la gran cantidad de periódicos que no han podido seguir circulando por la falta de divisas, de papel, de tinta, de los materiales necesarios para trabajar…. Ante prohibiciones que día a día pone el gobierno. En tiempos actuales hay que ponerse una camisa roja, una gorra y salir a la calle a marchar, así no quieras dejar tu sitio de trabajo. Si no lo haces ofendes a la "PATRIA". 

Las emisoras también han sucumbido ante esa realidad e incluso ahora si los medios no pasan publicidades del Estado, o dicen lo que ellos quieren, son amenazados. ¿Qué somos realmente los periodistas entonces? ¿Acaso forma parte de nuestra ética dejar de ser imparciales y convertirnos en las marionetas del gobierno encargado? Y entonces ¿A qué se le llama libertad de expresión?... 

Hasta un animador famoso a nivel nacional, que incluso pertenecía a RCTV antes del cierre, osó ponerse de rodillas por Chávez… propio de un fanatismo absurdo. Dice una frase: “No podemos ponernos de rodillas frente a ningún gobierno, solo frente a Dios”. 

Y es que los seres humanos somos así, vivimos de un ídolo, necesitamos depender de algo que veamos. Pero qué son los gobiernos más que transiciones que vienen y van, los gobernantes son iguales que nosotros, un mortal más para el montón, que un día como hoy pueden estar muertos, como a todos nos tocará la hora.

Chávez, un hombre acostumbrado a hablar toda la vida, murió en el silencio… con un mensaje a nivel nacional de su fallecimiento, ante una lucha incansable de células cancerígenas… esa enfermedad que como cualquier vicio es capaz de destruir desde algo microscópico hasta una familia entera… un padecimiento que sin duda a nadie se le desea y menos a un hombre que a pesar de sus faltas cambió el país, logró preocuparse por los pobres, porque esas personas que se sentían recluidas fueran parte del sistema social, que tuvieran una oportunidad de surgir. Solo que muchas de sus políticas no fueron bien aplicadas.

¿Somos culpables acaso los venezolanos de que ahora en los mercados se sepa que hay azúcar, aceite, pollo, jabón, harina, mantequilla, café (…) por una cola en la entrada del comercio? Y que aún así tengas que recorrer hasta seis establecimientos para conseguir todo lo que buscas... A mis nueve años la única cola que se hacía era para pagar.

¿Somos culpables acaso de que en estos 14 años la inseguridad haya aumentado al colmo de que Caracas sea la tercera ciudad más peligrosa de América en el 2013?... que en años anteriores los paredones de las casas pudieran saltarse escalándolos y ahora todas parezcan una fortaleza llena hasta de circuitos eléctricos.

¿Somos culpables de que el Peso, que antes era una moneda por debajo del Bolívar ahora sea más fuerte?.... y que nuestra moneda que tanto nos enorgullecía ahora esté más pobre e inutilizada que hace 30 años…. Aún teniendo la bonanza petrolera más alta de todos los tiempos…

Por eso digo, si Chávez cambió el país LO HIZO... pero para bien y para mal.

Somos motivo de sintonía a nivel mundial… somos la sensación del momento, todo lo que pueda pasar es importante… ahora el 14 de abril volveremos nuevamente a los centros electorales, como hemos acostumbrado estos 14 largos años… sin tregua… el país donde más elecciones ha habido pero en el que no valen opiniones diferentes.

¿Qué harán ahora los chavistas?... controlarán también las redes sociales para que nadie opine al respecto… o nos limitaremos, entre chavistas y opositores a seguir insultándonos a diestra y siniestra, como si no hubiera más motivos para vivir que la política.... Rivalidades que han surgido de la nada, artistas que han sido ofendidos y agredidos por pensar diferente, aquellos que simplemente siguen a la revolución porque les parece que está bien lo que están haciendo.

No criticaré a ninguno de ellos, porque hasta aquel septiembre del 2012 que conocí a Chávez en una rueda de prensa me cayó bien… sin duda su carisma no tenía padrote, lo desbordaba a su paso, y sus palabras envolvían como aquel orador que sabe que es escuchado y que le apasiona serlo… provocaba de verdad sentarse a hablar con él, oír aquellas historias que pregonaba. “Con la cordialidad inmediata y la gracia criolla de un venezolano puro”, como citaría el propio Gabriel García Márquez en una de sus crónicas.

Pero ese Comandante en Jefe tuvo demasiada paciencia, seguridad (o quizás incompetencia), el ansia constante de control y poder, de vivir más años con la batuta de Venezuela en las manos que no pensó que la muerte nos llega a todos y ni siquiera sabemos cuándo… Y nos dejó así, sin más, esperando un nuevo desenlace, una nueva esperanza... en esta nación del verano eterno.

Seguimos en las mismas, tal cual como nos hemos acostumbrado los venezolanos (“mientras vamos yendo vamos viendo”), a la espera de que nos resuelvan los problemas… quizás fue ese mismo 2007 cuando dejamos de luchar y nos fuimos conformando poco a poco en las nuevas leyes, en las nuevas medidas, en la nueva escasez…. Dejamos pasar una Venezuela de promesas y nos convertimos en una de esperas.

Fue ese cinco de marzo el que quedará marcado para siempre en la mente de muchos… el que aún no creemos que haya ocurrido como ocurrió… Fueron tantas navidades esperando que por fin Chávez saliera del poder que hoy por hoy más bien algunos lo quisiéramos de vuelta para que termine eso que empezó…. Para que nos diga ¿Cuál era ese Socialismo del Siglo XXI que tanto pregonaba? Y del que hoy se están dando hasta en la madre a ver quién se queda con la mejor parte.

“A mí no me tumba nadie. Derrotar a Chávez es como tragarse un crisol de aluminio o una barra candente de acero. Ni muerto me sacan de Miraflores”… Una de las frases que dijo en vida y una de las que más me ha impresionado, y es que era un hombre que con palabras dejaba sentencias, escribía su destino… ¡Qué gran fuerza la que tiene la mente y el corazón! Esa seguridad que impartía a su paso, a si sea a fuerza de embustes.

Esa misma seguridad que una vez escuché hablar a mi papá, quien me dijo: “es que yo voto por él porque habla con aquel magnetismo propio de los lideres, habla tan bonito, que todo parece cierto”… Y ese magnetismo es el que le falta a muchos que no son como el líder carismático que siempre fue Chávez.

Muchos profesionales y muchos venezolanos que aún amamos este hermoso país, del cual no hay uno que se iguale, nos preguntamos ¿Qué pasará ahora?… será que no hay futuro para pensar diferente, será que seguiremos viendo la fuga de talentos, de amigos, de artistas, personas que buscan su destino en otras naciones y no precisamente porque no amen a este país… sino porque sienten que los años solo han causado retrocesos y nada de mejoras. ¿Será que seremos Cuba, pero no tan drásticamente, sino que poco a poco nos hemos ido convirtiendo en ella?...

Diversas incógnitas surgen en nuestra mente, y sin respuestas, solo podemos sentir miedo... No sé que pase el 14-A, solo sé que deberíamos tomarnos de la mano como venezolanos, como esos seres tan felices a nivel mundial, con esa chispa y esa humildad que nos caracteriza y levantar las banderas de la PAZ de una vez. Esperar lo que tenga que pasar y desear que algún día esto sea diferente, que el nuevo amanecer nos traiga los retazos, pero no la pérdida total de nuestra nación. 

Que así sea pieza por pieza podamos recuperar a nuestra hermosa Venezuela. El país en el que el sol brilla todos los días para decirnos que no perdamos la FE.

sábado, 26 de enero de 2013

Entrevista con el psicólogo

Bueno.... aquí les anexo un poco de mi imaginación... este es el primer capítulo de una novela que estoy creando. La cual un día desperté y quise escribir. Creo que a veces los escritores no tenemos frenos cuando se nos ocurre algo... espero comenten que les parece :)

                                                                         I

Entrevista con el psicólogo

Entré a la sala y vi la silla, tal como la usan en las películas, perfecta para contar lo que me estaba pasando. Deseoso de sucumbir de una vez en mis males, me dirigí a ella y caí sin pensarlo en un trance. Recordé porque estaba ahí. Sin duda alguna porque estoy loco. ¿Pero qué es la locura?


En realidad cualquiera puede llegar a ser loco. Es tan fácil serlo, sólo tienes que hacer y decir las cosas que te cataloguen completamente como un demente. No hace falta comportarse bien, quizás hacerlo lo convierta también a uno en un loco.
Andrew Williams, así se llamaba el psicólogo. Diría que no están tan cuerdos como uno se imagina. Creen que pueden resolver los casos de locura, cuando forman parte de ellos.
Matar a una persona no es pecado si te arruina la vida, todos hemos deseado alguna vez en la vida que alguien se muera. Que se desaparezca de nuestro alrededor, porque al fin y al cabo nos está destruyendo la existencia. Maté a una adolescente de 12 años. Me estaba molestando su presencia en el mundo. La degollé y asfixie con mis manos porque simplemente estaba molesto con mi mujer y vi a mi hija como un estorbo en nuestra vida. La discusión había sido porque no lleve a la chica temprano al colegio ¿Y qué? ¿No podía perderse un día de examen? ¡Puto sistema mundial de monotonía diaria! Naces, estudias, te reproduces y mueres ¿En qué momento vives?  
No creo poder diferenciar qué sentido tiene para el hombre estar con una fémina, si lo único que causan son molestias. No les falta una excusa para pelear, no pueden estar tranquilas sin recordarte que eres el malo y ellas las perfectas.


El psicólogo escuchaba con atención como el hombre contaba la historia de la tragedia, expectante y sin arrepentimientos. “Lo sacan a uno de sus cabales doctor”, decía Mathew Sanz, quien estaba internado en el “loquero” municipal donde se encontraban. “Ahora que llore a la hija y que acumule las peleas para un imbécil que se la aguante”.


Era irremediable estar todos los días sentado en la silla, escuchando una y otra vez las anécdotas de una sociedad perdida. Drogadictos, alcohólicos, estudiantes asesinos, madres con estrés…  un mundo cada vez peor. Andrew esperó que Mathew terminara de contar su historia y culminó la charla con un: “Continuamos mañana”.
Luego de que los paramédicos se llevaran al loco, salió de la lóbrega oficina para almorzar.

-          ¡Épale! ¿Cómo estuvo la sesión de hoy? – le preguntó Tom Fernández, el portero del hospital cuando estaba saliendo.
-          Bueno igual que siempre, un demente tras otro – respondió Andrew y bajó precipitadamente las escaleras para dirigirse a su automóvil.

Tom Fernández repasó con cuidado los cigarrillos que le quedaban en el cinturón. Acostumbraba esconderlos porque la cajetilla había aumentado una barbaridad y no pretendía alimentarle el vicio a nadie. Indiferente cogió uno del montón y empezó a fumarlo para sacudirse el estrés de un trabajo tan sofocante. El sudor le mojaba la frente. Lo único que calmaba el terrible sol era la débil brisa que de repente hacía ondular las hojas de los árboles afuera del hospital.
Una moto con dos individuos se estacionó de repente en el área principal de la entrada. Ambos cargaban chaquetas anchas de cuero negro que les formaban unos grandes brazos que no tenían. Manejaron drásticamente hasta estacionarse frente a Tom. Enseguida lo amenazaron con una pistola, pretendiendo que le diera las pocas pertenencias que tenía en la cartera.

-          Dame todo ahí, viejo.

El hombre les dio unos pocos billetes que tenía pero no sin antes recibir un disparo que le cruzó la frente y lo dejó desparramado en el suelo de inso facto. Los desgraciados huyeron rápidamente del lugar, llevándose algunos de los cigarros que quedaron en el suelo, a pocos metros del manchón de sangre que ya comenzaba a formar parte del cemento. Los oyentes reaccionaron rápidamente frente al cuerpo inerte del anciano. Quien a sus sesenta y dos años de edad sólo mostraba unas pequeñas arrugas de pata de gallina a ambos lados de sus ojos y con una mirada despavorida había fallecido sin esperarlo en el siniestro vestíbulo.

-          Era una persona muy buena, no merecía morir así – decía Samantha Sifontes, testigo del homicidio, en la puerta de la morgue. Mientras esperaba que trajeran el cuerpo para el respectivo tratamiento de autopsia.

Su hija Sara, de 15 años, esperaba junto a ella en la entrada y repasaba  con la mirada los ladrillos del lugar, por donde se veían algunos hoyos de balas que se habían disparado en otras oportunidades. La conmoción que sentía no se comparaba con nada en el mundo, sólo con la dura realidad de un país en el que todos los días matan a alguien nuevo. Increíble el hecho de leer los periódicos y ver de repente el nombre de tu familiar en primera plana. Las fotos sensacionalistas de miles de fotógrafos con la competencia de lograr el tubazo del día. Como si el dolor ajeno fuera el pago de un día de guardia.

Camilo Ferrer, fotógrafo de “La Gran Manzana” veía como muchas personas de la estancia repasaban entre sollozos que el individuo había sido una gran persona durante toda su vida.
- Pobre, hay que ver que cuando uno se muere todo el mundo te quiere, hasta los que siempre te quisieron ver muerto – pensaba el artista, examinando el ángulo más perfecto para hacer la toma rápido, sin ruido ni borrones. 

Indiferente a la realidad, lo único que esperaba el reportero gráfico era sacar la mejor  foto para que el diario al otro día aumentara sus ventas.
En realidad, a pesar de ser el mejor periódico local, tenía que competir con muchos otros que sin duda le hacían la competencia. Por ello, mientras más sangrientas y crudas fueran las fotos, muchísimo mejor.
Eso era lo que le apasionaba a la gente de la sociedad. En el momento en que compraban un diario, volteaban el volumen para admirar estupefactos cuantos delitos se habían cometido ese día. “72” homicidios en un día, una cifra que a muchos les parecería una barbaridad era común en los periódicos todos los días. Sobre todo si ningún lector se imaginaba que al salir a la calle fuera a ser sorprendido con la muerte.

- Perfectas tomas Ferrer, te felicito. Ya tengo la que va para la primera página – le dijo Manuel Semblante, director del diario al terminar de revisar las imágenes para hacer el cierre del día y proceder a ordenar la impresión del ejemplar.
- De seguro mi Señor, ya con eso aumentan las ventas del periódico en las calles. Hasta los pregoneros van a tener su día hecho – agregó Ferrer sonriente y tomando la cámara entre sus manos para revisar las mismas fotos que había bajado a la computadora y saldrían al otro día en el impreso. 

"El más allá..."



El reloj se escucha a lo lejos... marca su tic-tac característico... difícil de escuchar a metros de distancia, pero en el momento en que te acercas al objeto con dos agujas sientes el correr de los segundos y minutos, que pausadamente evaporan el tiempo que te queda.

Fueron al parecer los mismos seres humanos los que empezaron a contar el universo... 365 días al año que corren bajo nuestros pies y aunque estemos estáticos en un lugar, ese relojero sigue sentenciando el final. 

Sin fijarnos en el porvenir, éste va ganando espacio en el cuerpo. Con juventud desafiamos al destino, incapaces de anticiparlo, pero no podemos ser ajenos a los cambios que ocurren alrededor. 

Aquellas lejanas décadas cuando las manos de nuestro padre eran rígidas y fuertes, sus brazos musculosos nos cargaban sin molestias y su sonrisa no dibujaba en su tez esas "patas de gallina", a ambos lados de sus ojos.

Aún recuerdo cuando de pequeña me decía con gracia que algún día sería viejo, remedaba a los de la tercera edad con la parodia de un bastón y la falta de dientes. 

No podría olvidar la risa estridente que hacia retumbar toda la casa de entusiasmo, la cual se fue consumiendo poco a poco en el silencio...

Sería imposible omitir el cabello oscuro de mamá, que hoy se pinta de canas... No podría obviar su perfume cada mediodía al llegar del trabajo, el olor dulce que llenaba su armario, el cual me costaba escalar sin ayuda de una silla, por la poca estatura de mi niñez.

Hoy, mi tamaño supera el suyo, y aunque su olor sigue siendo el mismo, va acompañado poco a poco de menos esfuerzos en casa.

Y tus abuelos no escapan de la lista, mientras sus pasos se dificultan por el pasillo, su cuerpo se vuelve frágil como el de un niño y sus movimientos se convierten en lentas notas que van marcando pausas en el horario.

O aquellos parientes de los que solo conservas retazos mínimos en el cerebro, como fugaces reflejos que a veces parecieran desaparecer llevándose el tono de su voz, el color de sus ojos, la forma de su nariz, la textura de su cabello… esas evocaciones que siguen siendo las más valiosas aunque las puedas contar con los dedos de esa infancia que ya perdiste.

No debería dejar pasar aquellas fotografías que inundan las paredes, los álbumes y las mesas del hogar, con personajes de los que has escuchado hablar pero que aún con todos tus años jamás te dijeron adiós.

Espacios que quedan vacios, habitaciones donde lo que sobra es mutismo, luces que más nunca se han prendido; prendas que siguen intactas en las gavetas, esperando quizás que vuelva su propietario, añorando tal vez que una nueva mudanza las haga variar de su estatismo.

Y te vas preocupando por cada malestar que pueda tener alguno de tus seres queridos, porque no estás acostumbrado a verlos desfallecer.

Realmente ese sentimiento es tan extraño que inunda tu ser... el no saber qué pasará, como si estuvieras ante un millón de personas y de repente te dijeran que tienes que dar un discurso ¡Sin saber ni siquiera el porqué ni el cómo!

Es esa chispa la que desconoce tu corazón, porque no está acostumbrado a adaptarse a una pérdida. Que diferencia de cualquier otro afecto... Diría que es el peor de todos, porque solo puedes reaccionar ante el suceso...

Podemos pensar infinidad de cosas durante los días que pasan, pero rara vez quieres recordar a la fulana MUERTE... aquella que podría ser considerada como un tabú hasta que sientes que está tocando la puerta.

Que distinto es creer que todo seguirá igual... conservar la inocencia de niño, y no ir creciendo, topándote con nostalgias en el camino.

Sabes que al final cada quien va escogiendo su rumbo. Aquellas personas que acostumbraban reunirse contigo para planear aventuras de adolescente van haciendo su vida en pareja, teniendo hijos... Y vamos uniéndonos al ciclo irrefrenable de la evolución humana... que al igual que el tiempo de un reloj, va en redondo, semejante a la tierra sobre su propio eje... cambiando la estación, el año, los números... la EDAD. 

Esas manos que alguna vez tocaste y eran lisas, se llenan de arrugas... Aquel rostro juvenil se va surcando de marcas, que cambian el aspecto, pero no la enseñanza adquirida con los años. No borran la memoria, porque la edad  y la experiencia potencian el aprendizaje. Tal como el dicho de que "los viejos saben más y por eso echan tantos cuentos”.

Como una cadena tú también sucumbes ante el mal, vas creciendo y envejeciendo. Tu cabello se va aclarando, tu piel va perdiendo flexibilidad, tus fuerzas enflaquecen… tus sonrisas se marchitan regalando flores a los que ya no están.

Y el óbito no pide permiso, no pregunta cuándo, ni dónde, ni porqué… ya sea por accidente, enfermedad o longevidad te pisa los talones y nunca deja decir tus últimas palabras.

Puede que mañana estas líneas sean recuerdos, olvidados en un cajón, que atacará sin duda el polvo. 

A futuro de seguro saldrá una nueva profecía hablando disparates del fin del mundo, de un infierno ardiente, de un cielo para justos e injustos, de reencarnaciones; pero cabe acotar que la verdad no está en manos de nadie, solo de Dios...

Y quizás ese MÁS ALLÁ como lo pintan es solo un sueño profundo del que despertaremos el día que volvamos a ver a nuestros seres queridos, los únicos que son razón de felicidad en este mundo…

Una profecía real es "que polvo somos y en polvo nos convertiremos" y que de ese verdugo inevitable no nos salvamos.  

Nadie puede huir... ni de la muerte, ni del tiempo.

viernes, 25 de enero de 2013

Inspiración



Me veo en la necesidad de escribir sobre lo primero que nos motiva a escribir… la inspiración.


¿Cómo comenzar un texto, una página en blanco cuando no tienes nada que decir? Pocos caracteres van surcando las líneas y convierten poco a poco las letras en palabras y luego en textos…

Escritos que salen de nuestra mente, que en muchas oportunidades dan a conocer vivencias propias o análisis de acontecimientos que de repente se toparon en nuestro camino.

Pocas veces podemos comenzar una hoja sin saber primero que vamos a decir, qué queremos dar a conocer a la sociedad o qué pequeño lugar de nuestro pensamiento nos atrevemos a revelar sin miedo.

Pero no hay algo que nos relaje más que escribir, quizás por el hecho de que por ese momento somos libres de decir lo que queremos, sin tabú, sin frenos, sin leyes y mucho menos sin jefes que nos reprueben por lo que estamos haciendo…. Y no podemos permitir que nadie nos quite la potestad de tener un estilo, un nombre propio, un calificativo que nos identifique ante el resto de escritores que saben cómo darse a conocer.

Para cada pluma hay un nombre… y cada cual tiene su estampa en el mundo. Así como cada voz es diferente por su canto, y cada pintor por su estampa... así cada escritor tiene su cualidad.

Hay quienes tienden a ser francos, otros sagaces, concisos, bizarros, románticos, dulces, bohemios, alegres, graciosos, poetas… pero todos forman parte del universo de las palabras.

Y cada carácter, sin importar el idioma, demuestra una sabiduría particular. Porque si algo tiene el que escribe es que siempre lo hace con un motivo, y esa causa proviene de algún tipo de desahogo,  bueno o malo.

¡MIRADAS!



Ojos tristes, hermosos, alegres, con luz u oscuridad.

Pestañas que mueve el viento y no nos damos cuenta… Expresiones que se revelan con las pupilas... 

Cuando te acercas y no percibes lo que quiero decirte, con el matiz que asoma de esos círculos de colores, que no se cansan de verte.

Ojos que revelan pequeños rayitos de esperanza, como un cielo minado de estrellas luminosas, que anhelan ser observadas. 

Miradas que llaman, otras que sonríen…

Miradas simpáticas, odiosas, hipócritas, sinceras, indescifrables, misteriosas, celestiales...

Lee el silencio cuando cierro mis ojos y quiero abrirlos para no perderte de vista… porque no quiero que te alejes de mí… sólo el hecho de tenerte tan cerca es querer estar en la eternidad y el paraíso… ese lugar que no sé si podré alcanzar… pero no quiero olvidar y dormirme, sabiendo que puedo despertar sin tenerte…

Así como cuando sueñas y quieres hacer un deseo realidad, tu presente es mi deseo latente.

Mi mirada, aquella que se pierde con la tuya… y es como que te pudiera tocar con la vista, cuando al igual que yo sabemos lo que nos gusta. Miradas que transmiten la esencia del amor y de la pasión. Saber que es fácil amar y ser amado.

Aún si nuestros cuerpos se tocan, pero no nuestros ojos… Yo sé que esas pupilas son las puertas a nuestra unión, que se fusiona al unísono. Como una cátedra que nos toca aprender, porque apenas somos aprendices en la materia y profesores para educar al corazón.

Miradas que lloran y otras que quieren ser felices….

Y podrías regalar todas las miradas a la sociedad… aquellas que muestran carisma, cordialidad, educación e impaciencia… pero nunca podrías revelar que tiene una que está enamorada… la que sólo surge una vez de verdad, con ese rayito de luz y de felicidad. 

Podríamos ilusionarnos mil veces sin pensar… querer a distintas personas ... pero una única vez amamos con la vista, aquella que sensible no ve imperfecciones… la que entrega su esencia misma. 

El picaflor




“Caramba caballero ¡Qué sorpresa conocerlo! No me esperaba que sus dulces palabras sean como el néctar de las flores, aquel que los colibríes mueren con las ansias de saborear”.

Y así son los “Picaflor”. Seres humanos que si fueran inanimados serían un néctar, aquella ácida sustancia, indigerible a los hombres, pero escondida en el centro de las flores. Se comparan a esas plantas pigmentadas de diversos colores. Y deslumbran cuando pasas como si te picaran un ojo para que veas su hermosura, sonriendo con la comisura de labios que nunca manifiestan.

Todos son hechos de la misma sustancia. Todos se adiestraron en la materia de la vida, que conoce y percibe las emociones para poder dominarlas.

Desconocemos que nos ata a sus caricias. Simplemente son expertos en la lingüística del enamoramiento, pero principiantes en la cátedra de los sentimientos.

Ellos entablan las conversaciones perfectas que necesitamos escuchar, pero no están dispuestos a enseñarnos a olvidar.

Te capturan, cual presa fácil en su red. Y van llenando su carga poco a poco, con joyas que al igual que tú siguen la corriente.

Es un aroma dulce, como el néctar de las flores para los colibríes. Sólo que las apariencias engañan cuando cada quien juzga por su condición. Para ellos, su sabor es como la miel de las abejas, pero realmente la quimera es un trago amargo. Una vez que cruzas la barrera de la ilusión a la costumbre, te convences de que como un vicio no puedes dejarlo. Una vez que probaste ese alimento, la experiencia te lo enseña. Y si te gusta, te enloquece.

¿Pero cómo conquistar un corazón que no sabe más que del arte de alardear? ¿Cómo puedes demostrarle que eres diferente de las demás?
Ellos sólo miran desde su percepción, por muy baja o alta que seas, deslumbrante o sencilla, sólo pueden mirarte como una mina sin excavar. Dispuestos a luchar por entrar, a ver qué secretos guardas.

Pero así como el que busca tesoros y nunca sacia su sed, no están dispuestos a renunciar fácilmente a la exploración de lo que desconocen. Sólo saben que quieren encontrar algo, pero no lo ven en nadie.
Son capaces de pasar años detrás de las estrellas, y cuando se dan cuenta ya no tienen nada que buscar. Para ellos no existe el tiempo, aunque tú esperes que te encuentren.

Nunca se convencen de nada,  viven y dejan atrás las oportunidades.

Y tipo macho cabrío, juegan al que más tiene, suponen que ese es el más valiente. Su lección es la competencia, su galardón es llenar el armario con más trofeos que los demás.

Como "encantadores de serpiente" saben jugadas y manías. Sólo que las dominan cuando les conviene.  
Nada de lo que crees que es un misterio, es para ellos terreno desconocido.

Pueden descifrar sin mucho esfuerzo que es lo que queremos cuando ya logran conocernos. Es como que sin encontrarnos en la vida, ya nos hubieran visto antes.

Vuelven realidad la combinación del deseo y la necesidad. Nos atan a la existencia misma y a la vez nos desconectan de ella.

Somos como marionetas ambulantes que mueven de un lugar a otro. Ya no podemos decidir por nosotras mismas. Y aún así nos siguen endulzando y enloqueciendo. Dejamos de formar parte de nuestro cuerpo y nos volvemos un miembro del de ellos.

Poco a poco nos enviciamos de sus susurros. Cada noche o cada día vivimos de su teatro. No basta lo que recibimos, siempre queremos más.

Pero poco a poco aquello que buscamos, es lo mismo que los va desencantando. El principio para ellos se va convirtiendo en un final. La historia que apenas creemos que comienza, es poco a poco un desenlace.
Las flores se van marchitando hasta que mueren, dejando el néctar a la tierra y las raíces se encargan del nacimiento de nuevos capullos.
Como un ciclo que empieza y termina, así también ya nada es lo mismo...

Y recordamos los primeros días que quisiéramos que volvieran. Porque en esos momentos era bonito soñar cuando no sabíamos que esperar. Aún desconocíamos que el aroma de su piel no era lo que parecía ser. Que las rosas que perfumaban las mañanas en realidad iban hiriendo poco a poco con sus espinas, hasta derrumbarnos del dolor.

Y nos vamos instruyendo en la lección de la resignación. Con las ansías de perder la memoria, para no recordar los destellos que enloquecen el cerebro. Estrechamos la mano con el insomnio y guiamos nuestro sendero en sueños, para dominar la mente en cátedra de olvido y decepción.  

Y mientras atravesamos un proceso más largo que el inicio del trayecto, ellos se mantienen coleccionando joyas. Aquellas que como nosotras al principio, ansían conseguir un final feliz.
En lo desconocido somos aprendices y todo se repite en cadena. No hay final para lo inminente y el destino que ya presenciamos, es para ellos apenas un comienzo… Pero en otro terreno.

Freya Farcheg